Corrupción, mediocridad y desidia.
Cerca de 8 meses atrás asistí por invitación a un acto en Palacio Nacional. Programado para las 15:00, me retiré a las 15:30, cuando aún no iniciaba; aunque luego me enteré, inició justo 2 minutos después.
Cinco meses atrás, por
problemas de drenajes, tuve que solicitar la instalación de una nueva
candela para desfogue de desagüe. Me cobraron cerca de 8 mil por un trabajo de
3, 4 metros que ocupó 27 días, pero al mes, su trabajo de cementado en rededor
y soporte de la tapadera colapsó.
La semana pasada, en un bamco
del sistema, la receptora se negó a aceptarme un depósito en monedas de
5, 10 y 25 centavos pues su máquina cuenta monedas no servía. Eran Q 220.00 en
total. Por fortuna, otro binco me resolvió. Sin máquina cuenta monedas. Buenísimo!!!
Pocos días atrás, una
persona profesional de la mercadotecnia dejó en el limbo su responsabilidad
como tal en el servicio al cliente, desde la perspectiva de baños limpios e
higiénicos en un centro comercial.
Comentar acerca de desistimientos a la denuncia en el Ministerio Público durante las administraciones pasadas sería redundante, cansado y patético.
Así, cuatro, cinco experiencias propias que no
se relacionan de manera directa con la corrupción que tanto se cacarea en
distintos foros, pero que sin lugar a dudas impiden o, mejor dicho y más claro, castran por mucho todo intento de desarrollo nacional.
Sí, la mediocridad y la desidia, aunque también la ignorancia de responsabilidades y funciones en los puestos de trabajo resultan en otro atasco para el desarrollo del país. Otro atasco mucho más poderoso que la corrupción misma, pues la amplia cultura, DDHH universales, derechos laborales, máxime si en sindicatos públicos, tanto como la citada ignorancia, identifican y agrupan a miles de guatemaltecos más de los que potencialmente caben en un llamado pacto de corruptos y, además, culturalmente parece no ser ya tan vergonzoso ser mediocre, irresponsable y/o hacerse el loco con el trabajo, en comparación con la vergüenza nacional de ser corrupto. Ambas se consideran incluso...: ser pilas.
Así, la citada cultura,
derechos y demás, pareciera otorgaran derecho al obrero tanto como al profesional
a ser así: mediocres e irresponsables, dejar para mañana, que lo haga otro, hacer
a propósito mala mezcla, etc.
Me recuerda un viejo refrán
popular: “Mándalo (o págalo) y hacélo vos”. En referencia a los malos trabajos
que un tercero realizaba y luego uno mismo debía enmendar; sin embargo, de a poco, tal refrán popular parece volverse
artículo constitucional.
Sí, nuestras sociedades y nuestras fabulosas libertades han devenido consuetudinariamente en un caótico acomodamiento social, al extremo que no puedo citar una sola institución pública que pueda presumir de eficiencia en su personal (a sabiendas del voto seguro en elecciones). A la vez que he señalado cuando menos dos empresas donde la tal no existe. ¿Cuánto implica una cuadrilla de 10 personas haciendo el trabajo de una o cuánto vale un cliente con mala experiencia de compra que no volverá?
Así las cosas, y 2 metros
adelante, las gerencias tanto como los líderes políticos y nosotros, los clientes y electores, enfrentamos en este milenio
nuevas variables No Controlables en la sociedad: la libre interpretación de los
derechos laborales y la ignorancia académica nunca disipada, o peor aún: alimentada en el aula
universitaria. Sin embargo, fácil identificamos en estas la principal fuente de
mediocridad e irresponsabilidad en el qué hacer laboral cotidiano.
De tal suerte, el gerente
tanto como el alcalde y hasta el presidente mismo no pueden ahora, tal como
antaño, implantar con fuerza la dirección de la empresa, de la municipalidad ni
del país mismo, ni nosotros, como clientes y electores, exigir un alto a tales flagelos de mediocridad y desidia laboral, so riesgo de ser acosados e incluso insultados. Y eso implica, como el cuento de Quiroga, ir socialmente a la deriva. Contrario, muy al contrario, a como se navega en el Río Azul.
Para cerrar, sin duda este es un tema poco ventilado una vez no rinde lectores en masa ni rédito político, salvo cuando se usa como herramienta para defenestrar a quienes actualmente lideran, con el único propósito de arrebatarles la guayaba.
Lic. José Luis Elgueta Jegerlehner
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