El inframundo de Xibalbá.

He advertido previo que parece ser, de cuando menos dos décadas atrás. tenemos más "políticos" en contienda que solicitudes de patente de comercio en trámite, lo cual nos coloca como país en una posición poco confiable de cara al futuro y sin posibilidades de auténtico desarrollo. 

No debe ser que los emprendimientos u objetivos de vida anhelados por la mayoría de la población se basen en la política o el hueso en el gobierno, en contra de emprendimientos formales que fortalezcan el desarrollo económico y en consecuencia el social del país. Demerita a la sociedad, a la empresa privada, al trabajo honrado y honesto, a la dignidad misma. Desprestigia al país.

Sin embargo, las fortunas, el brutal enriquecimiento que en el país se logra desde cualquier posición política y, vemos, no pocas plazas de la burocracia, rebasan con hartas creces a la mayoría de emprendimientos comerciales o industriales formales conocidos, tal hemos visto y seguimos viendo sin plantar respuesta alguna. Sin dignidad alguna, en contraposición a lo que el señor presidente promulga. 

De tal suerte, la compra de "puestos" para diputado, concejal, síndico, alcalde y demás se constituyen en la inversión más recurrente que, de ganar el inversor, obtendrá con certeza un altísimo ROI, tanto dentro de la legalidad como fuera de ella. Por supuesto, de entre los cerca de 25 a 30 candidatos para cada puesto, 24 o 29 se quedan con los colochos hechos y deudas por pagar, pero el riesgo de la inversión vale, sin duda, muchísimo más que emprender con un café, un comedor o panadería, mismos estos en los que, además, el ciudadano debe cumplir con absurdas barreras no arancelarias impuestas por SUMUNI tanto como por el MARN y el MinSalud, con su tarjeta de sanidad para iniciar, todo lo cual, en dos platos, no hace más que obstaculizar el auténtico desarrollo del país; por supuesto, no solo lo oficial, ya que además, el ciudadano se expone o es víctima de extorsión, cuando no de su asesinato mismo, por parte de organizaciones terroristas y políticas. Amén de la delincuencia "normal" con que convivimos de décadas atrás, el asedio constante de SAT y el fiel cumplimiento de muchas otras reglas, mismas a las que el político electo ni por asomo queda sujeto o evade con facilidad.  

Tenemos pues, en gran mayoría, toda una dirigencia política y gubernamental ocupada y preocupada principalmente en tejer y mantener tejidas sus redes de poder y corrupción en pro de sí mismos y sus partidos, relegando al olvido su responsabilidad para con el desarrollo del país. En este contexto, principalmente su seguridad.

Por si fuera poco, no, no es la crema y nata académica, científica o laboral del país la que invierte en la compra de posiciones políticas como tampoco la que ostenta o ha ostentado el poder por largo tiempo. Lo hace, en gran mayoría, cierta clase social sin mayor educación formal, conocimiento o experiencia en gestión y desarrollo que, a raíz de la rimbombante democracia y los "fabulosos" DDHH, goza del derecho, de la opción a presentarse como alternativa en contienda sin más recursos que suerte y abundante y sutil verba para encantar al votante o armas y poder con las que amenazar y chantajearlo para obtener su voto.

La cúspide de nuestra debacle, sin embargo, es que la misma carencia de educación formal tanto como las necesidades económicas insatisfechas en la mayor parte de la población le llevan a identificarse con sendas alternativas políticas descritas, con lo que terminan confiriéndole su voto y los eligen diputado, alcalde, sindico, concejal, codede o micoleón. Y con ello, el desconocimiento, la inexperiencia, la ignorancia y, principalmente, la sed y ansias desmedidas de riqueza asumen el poder político en el país, y dizque lo dirigen. ¿Hacia dónde?

De hecho, tal he comentado también en entradas anteriores, haber adoptado como país la descentralización política, la autonomía municipal y otras, así como la asignación presupuestaria ha resultado por excelencia la estrategia que ha logrado redistribuir la riqueza en el país, aunque principalmente a costa de corrupción, saqueo y delincuencia oficial, tal los cobros municipales por ingresar a determinados municipios, en clara contraposición a la CPR. Sin obviar la independencia de los tres gobiernos y sus magníficas prebendas recetadas para sí mismos; incluso el MP, que además se niega a revelarlas. 

Retomando, ese nuevo alcalde, diputado, concejal o micoleón, una vez en su despacho, sí que entonces empieza a hacer política, o a tranzar mejor dicho, con quienes lo reciben en ese anquilosado sistema de gobierno y política donde por lustros o décadas se han reelegido junto a no pocos familiares y reconocidos "políticos de alcurnia": los auténticos tatascanes del ruedo político. 

Así, los nuevos electos deben hacer su ofrenda ante la pandilla que coopta el sistema para así tener derecho a disfrutar de algunas de las mieles del poder que han adquirido. Caso contrario, serán marginados de inmediato y la misma maquinaria política les cortará la yugular en algún juzgado propiedad de la misma clica. Máxime por el peso de la deuda que arrastran por haber comprado el puesto público, y que una vez electos, se constituye en otra herramienta de chantaje, tanto a su favor como en su contra. Al fin de cuentas: ostentan poder.

Un sistema más allá de tortuoso y disfuncional, totalmente aceitado a favor de sus pandilleros y totalmente en contra del desarrollo del país. La Guatemala profunda: el mismísimo inframundo de Xibalbá. 

Urge pues un líder que perciba en toda su dimensión la degradación que el "sistema político y de gobierno", el inframundo de Xibalbá, hace del trabajo honrado y honesto, del emprendimiento formal, del importantísimo aporte a la economía desde la empresa privada, y en una perspectiva ausente de décadas, tal líder se empeñe y esfuerce por el fomento y apoyo a la creación de dicha empresa, la generación de empleo desde ella y revalore el enorme mérito de estos, que por siglos han sido base del desarrollo económico del mundo. De lo contrario, Guatemala seguirá a la deriva y pronto sucumbirá, quizá como un departamento más del vecino Salvador. Máxime si por alguna razón las remesas se acaban.

Tal liderazgo, sabemos, debe apropiárselo el presidente Arévalo, y con la ley en mano, impedir que tales innombrables continúen robándole la dignidad al pueblo, principalmente para que aquello de: pueblo digno sea más que un simple refrán o slogan... ¡realidad!

En caso él no lo perciba, urge alguien más, con poder, lo haga. 


Lic. José L. Elgueta J.

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