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Hoy, 27 de enero del 2026, será un día inolvidable para gran parte de la humanidad, una vez el bioquímico, doctor en ciencias químicas, Mariano Barbacid, anunció de parte del equipo: CRIS contra el cáncer, desde España, haber logrado la cura total del cáncer de páncreas en modelos experimentales: ratones con tumores humanos insertados en ellos.
Sin duda, otra proeza de la investigación científica, aunque en este caso, de la Fundación CRIS contra el cáncer, la cual promueve dicha investigación con el objetivo preciso de vencer ese perverso crecimiento de células anormales en el organismo.
Un día sumamente satisfactorio, una vez el cáncer de páncreas en especial es de los menos identificables oportunamente y con ubicación por demás complicada, lo que deriva en una alta tasa de mortalidad en quienes lo padecen.
Sin embargo, tal logro habría sido imposible sin la inquietud, la duda y el anhelo de saber y conocer más allá de lo previo sentenciado, plasmado incluso no pocas veces con tinta muerta en libros académicos.
Sí, la inquietud, la duda y el anhelo de saber y conocer lo que se desconoce, que por cierto constituye un mundo mucho, muchísimo más grande de lo que sabemos y conocemos, son actitudes merecedoras de vítores y aplauso, una vez son las capacidades humanas por excelencia capaces de forjar y crear nuevo conocimiento.
Desarrollo y crecimiento, la humanidad toda, pende del conocimiento, por lo que la búsqueda constante de este debe ser premisa esencial de todo sistema educativo. Sin embargo, no sucede siquiera en el ámbito universitario, donde la tesis, por ejemplo, lejos de instrumento de investigación generador de conocimiento, que es su propósito, ha sido convertido en herramienta de chantaje en no pocos casos y de negocio para quienes las hacen bajo encargo, cuando mucho.
La investigación entonces, esa inquietud, duda y anhelo por conocer y saber debe incentivarse desde la escuela primaria e incluso en casa, cuando el infante principia a descubrir el mundo y pregunta de todo, y que en muchos casos respondemos escuetamente con hastío o fastidio, lejos de involucrarnos y permitirle a esa pequeña mente absorber la más amplia diversidad de elementos que, sin duda, le serán de gran utilidad en su vida y, más allá, a su sociedad y hasta para la humanidad misma.
Sin embargo, nunca es tarde. Siempre tenemos la oportunidad de pensar, y con tal base, dudar y preguntarnos si lo dicho por el profesor, lo asentado en libros, lo que dice papá o mamá o toda otra fuente de conocimiento es en realidad cierto. Máxime si consideramos que, como advertí previo, lo conocido es un campo mucho más pequeño que el de lo desconocido. Lo cual de por sí ofrece toda una magnífica oportunidad de encontrar tesoros. Nuevos conocimientos.
Lic. José L. Elgueta J
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