Evolución y cambio!!!
Evolución y cambio obedecen en esencia a dos instancias: la natural o biológica y la social que nos imponen. En ambos casos, la sobrevivencia misma nos obliga a adaptarnos a ellas.
Cuando tenemos un cuerpo completo y todas las capacidades cognitivas quizá no apreciamos esa constante adaptación biológica nuestra al entorno circundante, pero cuando nos falta una mano, un pie, la vista o cualquier otra parte del cuerpo o de la cognición, entonces el esfuerzo por adaptarnos resulta más que evidente. Sin embargo, el cambio biológico es en todo caso natural, y por ende, poco factible de manejar a nuestro placer y antojo.
Por el contrario, el cambio social lo parimos nosotros, los humanos, y si bien debería tener alguna relación con la naturaleza, es en esencia: humano. Y por lo tanto, no exento de emociones, creencias y pasiones, tanto como de intereses personales así como de conocimiento, experiencia, raciocinio e inteligencia. Sin embargo, estos últimos dos: raciocinio e inteligencia, recordemos, no precisamente están investidos de ética, moral y respeto: de valores humanos. De hecho, los mejores criminales, delincuentes, narcotraficantes y similares poseen altas capacidades de raciocinio e inteligencia.
De tal suerte, cuando nos vemos en la obligación o necesidad de adaptarnos a los cambios sociales, máxime por sobrevivencia, lo hacemos o lo hemos hecho, quizá inadvertidamente, simplemente porque a uno o algunos otros humanos pares, desde altas posiciones de la política mundial que les conceden poder sobre nosotros, así lo han querido. Sí, un grupúsculo decide nuestro presente y nuestro futuro. Para bien o para mal.
Por supuesto, las emociones, creencias y pasiones, tanto como los intereses personales, la experiencia, el conocimiento, el raciocinio y la inteligencia, en mayor o menor medida nos son comunes a todos los hombres, al igual que no todos precisamente estamos investidos con los mismos estándares de ética, moral y respeto alguno, todo lo cual nos lleva a la diversidad de pensamientos, opiniones, actitudes y demás respuestas, en este caso, ante los cambios impuestos desde alguna esquina. Alguna esquina de la esfera del poder mundial.
Así, si bien sabemos que ni por asomo el mundo de este 2026 es igual a aquel lejano 1900, tampoco el 1950 lo fue de aquel ni de este actual. De hecho, del 2000 para 2026 el cambio ha sido más que vertiginoso, demoledor de muchísimas instituciones sociales, tal lo vivimos en carne propia o cuando menos nos enteramos a través de redes sociales, mismas por cierto que en 2000 apenas si empezaban a incursionar en nuestras mentes y hoy rigen en gran mayoría nuestra vida. Quienes sobrepasamos las 4 décadas y conforme más de ellas, más sentimos ese apoteósico cambio.
Como muestra de tal, la familia de 5 miembros, es decir: papá, mamá y tres hijos fue borrada del mapa, al igual que las mismas reuniones e incluso relaciones familiares, el respeto de hijos a padres y, más allá, hacia tutores y maestros e incluso hacia los mayores en general. Así, familia y respeto entre sus miembros fueron abolidos, tanto apretándonos el cinturón con magros ingresos como con la difusión del pregón de DDHH y libertades, mismos estos que se consideraron positivos y necesarios desde la recién creada entonces ONU, luego del fragor y la muerte de millones de hombres durante las grandes guerras del siglo pasado. ¿Apuesta racional, emocional o simplemente humana por un mundo mejor?
Sin embargo, dicha libertad e ingresos inalcanzables obligaron a la mujer, en su propia libertad, a formar parte de la clase trabajadora a la vez que imposibilitaron la concepción o fecundación, tanto por falta de dinero como de tiempo, disminuyendo con estas la familia. Al igual que con la libertad para la proliferación de parejas incapaces de fecundar, una vez del mismo sexo, tanto como otras sutiles formas, al amparo todas de la libertad y los DDHH. Por cierto, dando lugar a perros en vez de hijos.
Como consecuencia, vivimos el cambio causado: en general, con limitados o ninguna presencia de valores éticos y morales, de respeto y disciplina, entre otros, es la perspectiva desde esta esquina. Sin duda, amigo lector, usted puede tener otra, dependiendo la misma de todo aquello ya citado: sus emociones, creencias y pasiones, tanto como sus intereses personales, experiencia, conocimiento, raciocinio e inteligencia. Mismas que hoy, gracias al pregón de libertad y DDHH precisamente, son diversamente divergentes hasta el extremo de polarizantes por completo.
Lo anterior da lugar a preguntarnos ¿habrá registro alguno de consenso mundial en relación con el efecto positivo o negativo en la humanidad como resultado de los cambios impuestos durante los últimos 50 años? Registro quizá; pero consenso, definitivamente no. No puede haberlo. Sabemos de los cánticos de izquierda, derecha, socialismo, capitalismo, micoleón, solo mico y solo león, mismos que construyen la disparidad y diversidad de opiniones que vivimos e impiden consenso alguno, sin embargo, a la vez crean la amalgama perfecta para nuestra esclavitud ante uno, dos, tres o siete amos, pares humanos que, con poder político y arrogancia de dioses, aunque del inframundo de Xibalbá, adivinan y disponen qué es lo mejor para nosotros.
Adivinan y disponen qué es lo mejor para nosotros ¿o para ellos? ¿No es pues acaso urgente algún reacomodo o cuando menos la búsqueda y construcción de otro punto de inflexión? Otro cambio.
Enero 2026 ha iniciado de por sí con otro cambio de gran impacto para la humanidad con la incursión de los EEUU en Venezuela, irrespetando la soberanía de la nación latina, pero...
Pero, ¿no acaso esas altas posiciones de la política mundial citadas anteriormente, esos puñado de arrogantes y baratos émulos de Dios, además de algotros con mano de mico y abundante billete, han irrespetado previo, desde cuando menos 30 años, la soberanía de naciones enteras, incluso la de los EEUU? Por supuesto, no con actos de guerra sino desde las sombras y la hipocresía, tanto con drogas como con sutil comunicación y derechos. De hecho, la sociedad de los EEUU actual dista hoy día muchísimo de aquella próspera y respetuosa que John Kennedy, Cassius Clay, los hippies y otros vivieron, pero fantasiosamente se propusieron cambiar, soñando quizá para mejor, aunque el resultado hoy día es catastrófico.
Por supuesto, nadie con sentido común podríamos oponernos a la lucha, pregón y éxito en aquel entonces de Luther King en cuanto a su búsqueda y logro de igualdad racial y justicia. Imposible. De hecho, tales logros deberían ser ahora universales y no solo de exigencia en occidente.
Por el contrario, las puertas abiertas a la inmigración sí que pertenecen al pasado; sin embargo, han sido los mismos inmigrantes cuya afrenta constante contra la población de las naciones que les acogen ha llegado al umbral indeseado. Alemania, además, imposibilitada de formar su propio ejército sin incluir en el mismo culturas foráneas antagónicas. ¿Cómo van a dar armas a quienes culturalmente se oponen al país que, reitero, los acoge? He ahí la consecuencia de destruir la familia. De igual manera los mismos EEUU con miles de inmigrantes ilegales, aunque resalta mencionar la "legal" senadora de origen somalí, de quien se dice ha acumulado cerca de 30 millones de dólares en apenas 3, 4 años y, además, en un estado de la unión señalado de fraude financiero por cientos de millones de dólares en relación con instituciones igualmente somalís, todo, en contra del mismo pueblo que los ha acogido.
Los caminos al infierno están llenos de buenas intenciones, y las armas y la pólvora ya no son necesarias, no deberían serlo, salvo ahora, 50 años después, cuando ya es bastante tarde para que los Estados Unidos de América puedan rehacerse dentro del mundo mediante los encantos de la sutileza y la persuasión de la comunicación. ¿Podrá con las armas?
Por si fuera poco, parte de este cambio que vivimos anticipa el próximo cierre de la mismísima ONU, institución que enfrenta un colapso económico grave ante la falta de fondos para su funcionamiento, para su pregón, para su política de imposición de cambios en el mundo.
Elvis Presley, el enorme Elvis, de los pocos que lo previeron más que oportunamente.
Lic. José L. Elgueta J.
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