Acá estoy.
Es aventurado desarrollar el tema de la amistad cuando a lo largo de casi siete décadas he sido de pocos amigos, sin embargo, la realidad siempre nos ha dicho que los amigos nunca son muchos. En contraposición con los conocidos, quienes sabemos, abundan.
"Para Sócrates, la amistad es un vínculo profundo y virtuoso, basado en el amor recíproco, la virtud y el conocimiento mutuo, considerado uno de los mayores tesoros del ser humano. No es una relación pasiva, sino un tesoro que requiere cultivo constante para no marchitarse. Se fundamenta en la bondad, el bien del amigo y la sinceridad, diferenciándose de la simple utilidad. "
De tal suerte, ostentar o presumir tanto como expedir el título de amigo no solo es osado y arriesgado en no pocos casos sino emocionalmente ilusorio en otras, cuando no del todo una de las hipocresías más comunes, máxime cuando detrás de la "amistad", lejos de intereses en común se esconden intereses personales. Así las cosas, amigos lo que se dice amigos, los dedos de la mano siempre han abundado para contarlos.
Máxime en estos tiempos de polarización y distanciamiento social y político que, amen del tiempo y sus tempestades y días soleados, nos han llevado y traído a ser, crecer y desarrollarnos como versiones distintas de personas, mejores o peores, de aquellas que en el pasado fuimos y nos identificaban entre sí con aquellos otros. Hemos surgido como nuevas personas, desconocidas e incluso en no pocos casos diametralmente opuestas a las de aquel entonces, con lo que la relación ya no es factible y se desvanece. Se esfuma. Básicamente, reitero, por la ausencia de intereses en común, los cuales sabemos forjaron aquella amistad en su momento, como toda otra en el presente y a futuro: Intereses comunes.
De tal suerte, cuando los intereses en común entre amigos se desvanecen, sea por matrimonio, religión, costumbres, cultura, trabajo, política y demás, y que por razones obvias resultan entonces siendo menos importantes que los nuevos intereses personales surgidos por matrimonio, religión, costumbres, etc. al momento de vernos al espejo reconocemos que lejos de amigos pasamos a ser un complemento mutuo, cuando mucho como conocidos, máxime cuando la distancia y el tiempo se interponen, y ni uno ni otro de los "amigos" sabe siquiera dónde vive aquel o el otro, pues la comunicación rato ya que se ha extinguido.
Sí, relación es el nombre del juego. La amistad como el matrimonio, la familia, padres e hijos, primos y demás, son relaciones humanas. Y aunque como he confesado, nunca he sido de muchos amigos, sé al igual que ustedes que las relaciones no se rompen de golpe sino por el contrario, se desvanecen de a poco, muy de a poco, máxime ante el inexorable tiempo y la distancia.
Sin embargo, cuando la amistad ha trascendido a todas esas variables y se ha estado en contacto y comunicación a través del tiempo, a pesar incluso de profesar distinta religión, política, cultura y hasta modo de vida, puede afirmarse con certeza que hay amistad. Y eso sucede tan pocas veces como dedos con lunar en la mano derecha.
Hoy día existen en redes sociales grupos de conocidos entre amigos de la infancia y la juventud; dado mi recorrido por diversas instituciones educativas me han incluido a lo largo en varios, sin embargo, siempre llega ese momento fatídico en que reacciono y me percato que no pertenezco a los tales, una vez no ha existido previo relación o comunicación sostenida alguna de cuando menos 35, 45 años atrás que la mantuviera viva; además, es común que las tales relaciones se limiten a vivir del pasado, sin aporte alguno para el desarrollo y crecimiento actual de los "amigos" miembros de esa sagrada institución: la amistad.
Las relaciones exigen comunicación, y esta no se basa solamente en emitir mensajes sino también en responderlos. Enviar la señal del batiamigo: acá estoy. Pero si no se está, no tiene sentido pertenecer.
Lic. José L. Elgueta J.
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